Yo siempre fui una persona solitaria. Siempre estuve acostumbrado a estar solo, y como hasta cierta edad las personas a las que realmente podía llamar amigos los podía contar con los dedos de una mano, nunca tuve problema con pasar las horas solo, reflexionar sobre diversos temas, intentar comprenderme a mi mismo. Me molestaba ser tan cerrado con los demás y estar aislado del mundo como estaba, pero al mismo tiempo me gustaba tener tanto horas para mi mismo. Sin embargo crecí y cambié. Ya no soy aquel chiquillo solitario, y me acostumbré a estar rodeado de gente que me apreciaba y me distraía de mis propios problemas personales. Me "ablandé" en cierto modo. Y ahora he descubierto que tengo miedo a quedarme solo mucho tiempo. Tal vez tenga miedo a ver quién soy, a volver a reflexionar sobre todo como hacía antes. Tal vez tenga miedo de mi mismo. El caso es que ya no me gusta estar solo, y la mera idea me resulta desagradable. En ciertos momentos es inevitable. No me molestan un par de horas, pero si el tiempo se alarga y no logro distraerme con algo, mal va la cosa. No diré por qué hago este poema. Hay personas que lo entenderán, y prefiero que lo interpreten ellas mismas y que entiendan cómo me siento. La persona a quien dedico esto (Lo sabrá nada más leerlo) que sepa que no lo hago a mal. Tan sólo necesitaba desahogarme.
El día del miedo
En pie, calmado y vigilante
Contemplas las mareas por
venir
Temes la calma acechante
Quedar la deriva, abandonado
Día a día trazas la
trayectoria
Sabes que podría llegar
El momento que te agobia
Tratas de olvidarlo, te
calmas
Odias el silencio absoluto
La negrura asfixiante
El mar en calma, impoluto
La ausencia del viento,
aterrante
Pasan las hojas del
calendario
Una mano amiga se tiende
hacia ti
Cual puente de calor
solidario
Ya no temes la calma
Esperanzado, avanzas sin
miedo
Nada puede pararte ya
La voz amiga que cobija tus
anhelos
Es tu fortaleza y tu
baluarte
Llega el día temido y
esperado
Aguardas desafiante,
esperanza en mano
Sin embargo la mano no
aparece
La fortaleza se quiebra en
pedazos
La negrura te invade y te
sacude
Estás en calma, silencio,
soledad
Invadido por una tormenta
interna
La lluvia triste del alma te
sume
Las horas se vuelven eternas
Como siempre en los malos
momentos
La percepción juega en tu
contra
El tiempo se une a la calma
en dueto
¿Cómo dudar de aquella
mano?
Con lágrimas en el rostro
contemplas
Buscas, en el nublado
horizonte
Alguna señal de su estela
Desesperanzado, pero aun con
fe
Esperas que llegue a
buscarte
A sacarte de tu caos interno
De tu soledad salvarte
Al final te haces a la calma
Entiendes que lo que temías
No era tan indeseable
Haces las paces con tu
soledad
Reflexionas entre brumas
La niebla de tu propia
incompresión
Sobre tu pasado, tus
acciones
Ya no tienes miedo
Comprendes lo que nunca
temiste
La calma nunca fue un
problema
Descubres tu ya extinto
miedo
El reflejo de ti mismo en la
calma
Ya no te duele la soledad
Ya no la calma silenciosa
Te duele su ausencia
Como mil clavos, mil golpes
Golpes desearías recibir
Pues nada puede describir
El dolor interno que padeces
Peor que cualquiera físico
La calma parece acabarse
El viento vuelve,
perezosamente
Las brumas se disipan
Pero estás más solo que
antes
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