viernes, 25 de octubre de 2013

Día del miedo

Yo siempre fui una persona solitaria. Siempre estuve acostumbrado a estar solo, y como hasta cierta edad las personas a las que realmente podía llamar amigos los podía contar con los dedos de una mano, nunca tuve problema con pasar las horas solo, reflexionar sobre diversos temas, intentar comprenderme a mi mismo. Me molestaba ser tan cerrado con los demás y estar aislado del mundo como estaba, pero al mismo tiempo me gustaba tener tanto horas para mi mismo. Sin embargo crecí y cambié. Ya no soy aquel chiquillo solitario, y me acostumbré a estar rodeado de gente que me apreciaba y me distraía de mis propios problemas personales. Me "ablandé" en cierto modo. Y ahora he descubierto que tengo miedo a quedarme solo mucho tiempo. Tal vez tenga miedo a ver quién soy, a volver a reflexionar sobre todo como hacía antes. Tal vez tenga miedo de mi mismo. El caso es que ya no me gusta estar solo, y la mera idea me resulta desagradable. En ciertos momentos es inevitable. No me molestan un par de horas, pero si el tiempo se alarga y no logro distraerme con algo, mal va la cosa. No diré por qué hago este poema. Hay personas que lo entenderán, y prefiero que lo interpreten ellas mismas y que entiendan cómo me siento. La persona a quien dedico esto (Lo sabrá nada más leerlo) que sepa que no lo hago a mal. Tan sólo necesitaba desahogarme.

El día del miedo

En pie, calmado y vigilante
Contemplas las mareas por venir
Temes la calma acechante
Quedar la deriva, abandonado

Día a día trazas la trayectoria
Sabes que podría llegar
El momento que te agobia
Tratas de olvidarlo, te calmas

Odias el silencio absoluto
La negrura asfixiante
El mar en calma, impoluto
La ausencia del viento, aterrante

Pasan las hojas del calendario
Una mano amiga se tiende hacia ti
Cual puente de calor solidario
Ya no temes la calma

Esperanzado, avanzas sin miedo
Nada puede pararte ya
La voz amiga que cobija tus anhelos
Es tu fortaleza y tu baluarte

Llega el día temido y esperado
Aguardas desafiante, esperanza en mano
Sin embargo la mano no aparece
La fortaleza se quiebra en pedazos

La negrura te invade y te sacude
Estás en calma, silencio, soledad
Invadido por una tormenta interna
La lluvia triste del alma te sume

Las horas se vuelven eternas
Como siempre en los malos momentos
La percepción juega en tu contra
El tiempo se une a la calma en dueto

¿Cómo dudar de aquella mano?
Con lágrimas en el rostro contemplas
Buscas, en el nublado horizonte
Alguna señal de su estela

Desesperanzado, pero aun con fe
Esperas que llegue a buscarte
A sacarte de tu caos interno
De tu soledad salvarte

Al final te haces a la calma
Entiendes que lo que temías
No era tan indeseable
Haces las paces con tu soledad

Reflexionas entre brumas
La niebla de tu propia incompresión
Sobre tu pasado, tus acciones
Ya no tienes miedo

Comprendes lo que nunca temiste
La calma nunca fue un problema
Descubres tu ya extinto miedo
El reflejo de ti mismo en la calma

Ya no te duele la soledad
Ya no la calma silenciosa
Te duele su ausencia
Como mil clavos, mil golpes

Golpes desearías recibir
Pues nada puede describir
El dolor interno que padeces
Peor que cualquiera físico

La calma parece acabarse
El viento vuelve, perezosamente
Las brumas se disipan

Pero estás más solo que antes

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